17 julio 2017

DARLO TODO SIN RECIBIR NADA

Carta manuscrita de José Giner Navarro (Fuente: Pilar Taberner)


Con tinta azul, en una hoja tamaño cuartilla de doble pauta, horas antes de ser asesinado en el paredón de Paterna nuestro vecino José Giner Navarro escribió lo siguiente: 

“Padres y hermanos. Éste es el ultimo adiós, y para V., Padre, que sabe, que V. que salvó a Don Vicente el Vicario de esa, con exposición de su vida y V. que lo sabe lo mismo que muchas personas que me filtre en algunos sitios valiéndome en artimañas para salvar a muchos. 
Son personas católicas ahora las que me condenan. Dios lo desea así que me condenen a ésta ultima pena. Ya sabe que no tengo ninguna denuncia grave. Pero la justicia de los hombres se equivoca y ahora en nombre de Dios le repito que podéis estar tranquilos que nunca hice daño a ninguno, prueba de eso es que en mi expediente ni en juicio se me llego a acusar ni de muertes ni detenciones ni robos.
Estoy completamente convencido y sé que V. también sabe que hacen una injusticia conmigo. Perdóneme pido si se llega a enfadar en alguna cosa sin estar en mi ánimo. 
Jose Giner. 
Adios a todos. Vuestro hijo. a 21 de julio de 1939. Lo doy todo.”

Gracias a Pilar Taberner conocemos esta parte fundamental de la memoria de las víctimas del franquismo. Gracias a este documento que comparte con MEMÒRIA DE QUART personificamos y humanizamos los interminables números de la cruel injusticia practicada por ese régimen. 

Mi modesta propuesta, a la sociedad civil y a los partidos políticos de Quart de Poblet, es promover una declaración institucional en la que se declare la nulidad de los procesos y las penas impuestas por la justicia militar franquista contra vecinos de Quart: Luis Aguado, Vicente Andrés, Teófilo Bella; José Benlloch; Asunción Borredá; Miguel Campos; José Chaparro; Onofre Coll, José Conesa; Pascual Fabián; José Ferrer; Onofre Forriols; Vicente Garcerá; José Garcerá; Josefina García, José Giner, Onofre Grafía; José Guzman; José Juan; Dolores Juan; Sandalio López; Isidro Manso; Miguel Mir; Antonio Monzó; Pascual Monzó; Manuel Navarro; Manuel Palacios; Ramón Pla; Rafael Ponce; Bernardo Saiz; Carmen Sanahuja; José Sanmartín; Onofre Sanmartín; Ángel Sanmartín; Alfonso Santaeularia; Manuel Soler; Onofre Soler; Francisco Soriano; Onofre Torrent; Ángel Torres; Emilio Valldecabres; Salvador Vila, Miguel Zahonero y Aurelio Zamora.




Pedro Gascón.
















05 julio 2017

TRECE HOMBRES QUE MIRAN



“Resulta imposible decir en diez minutos
lo que no hemos podido en 40 años”
Santiago Carrillo. 
Secretario General del PCE.
Elecciones generales 1977. 




CADA NÚMERO ES UNA PERSONA.

A las seis y media de la mañana del 14 de diciembre de 1942, en la Cárcel Modelo de Valencia, atado de pies y manos subieron a un camión militar a Miguel Zahonero Sánchez. Lo llevaron al campo de tiro de Paterna, y a las 7 de la mañana lo fusilaron.

La cárcel “Modelo”, también llamada “Prisión Celular", diseñada y construida en 1907 para albergar 528 personas, encerraba en el verano de 1939 a más de 15.000 presos. A finales de 1942 las constantes “sacas” habían reducido ese número hasta los 3.580. Los condenados a muerte tenían reservada la planta baja. En celdas de 9 metros cuadrados se hacinaban 12 o 15 personas sin la más mínima condición sanitaria. La proliferación de parásitos y enfermedades de todo tipo ahorraban muchas ejecuciones. Según datos recopilados por el historiador Vicent Gabarda, 1.165 presos republicanos murieron en las prisiones franquistas.

A Miguel Zahonero le acompañaban esa mañana del 14 de diciembre de 1942 otros cuatro condenados a muerte: Antonio Vinuesa de Sagunt; José Navarro de La Pobla de Vallbona; Antonio Cerdá de Algemesí y Augusto Peña de Alacant. 

Ese año de 1942 fueron ejecutados en el conjunto del País Valenciano 355 personas; entre 1938 y 1956 un total de 4.714; 2.237 lo fueron en Paterna. Otras 210 personas fueron abatidas por la policía y la Guardia Civil. Un mínimo pues de 6.087 muertos, que sumados a las decenas de miles de encarcelados y a los centenares de miles de represaliados de todo tipo, definen un régimen establecido por la fuerza de las armas y caracterizado por la sistemática negación de los derechos humanos más elementales. 
"No fue por capricho", no, fue por ideología.




Cada uno de esos números es no obstante una persona: un padre, una madre, una hija, un esposo o una abuela.

Miguel Zahonero tenía 40 años y estaba casado con Amalia García. Era pulidor de una empresa del sector de la madera en Sedaví. Militante comunista, fue cabo del ejército republicano y concejal del ayuntamiento de Quart de Poblet. Miguel tenía su domicilio en el número 9 de la calle Pintor Ribera de Quart de Poblet. 
Lo detuvieron el 21 de abril de 1939, acusado de ser miliciano voluntario; de exaltar en conversaciones públicas la causa roja; de insultar al Ejército Nacional o a sus Generales; de ser hombre de acción; de prestar servicios a las órdenes del Comité, al Ayuntamiento y a las agrupaciones revolucionarias; de intervenir en la destrucción e incendio de imágenes y objetos sagrados y de estar relacionado con el asesinato de Amadeo Albert, el 5 de septiembre de 1936, en Paiporta.

Miguel Zahonero Sánchez, conocido como “el Churro”, o “Mano negra”, era antes del golpe militar del 18 de julio afiliado a la sindical CNT y al partido de Izquierda Republicana. Aunque posiblemente antes de esa fecha ya  militara sindicalmente, se le acusaba de pertenecer, iniciado el conflicto, al Comité de Intervención de la empresa “Franco Tormo” en la que trabajaba. La novia y hermana de la víctima y otros dos testigos, declararon tener conocimiento de antiguas rencillas laborales entre la víctima y el acusado, así como de amenazas de éste último, y de haberlo visto en Sedaví en la fecha del asesinato. 

Cinco días antes del fusilamiento uno de los testigos de cargo declaró no obstante que:


"No puede decir ni asegurar que Miguel Zahonero haya sido el autor de la muerte de Amadeo Albert, estando dispuesto a prestar declaración ante la Autoridad Militar que lo solicite". 


Otro de los testigos se ratificó en su anterior declaración, realizada en Comisaría, reafirmando nunca haber identificado al acusado como uno de los hombres que al parecer esperaban a la víctima el día de su asesinato. Incluso la novia de la víctima se desdijo afirmando:

"Que si en anteriores declaraciones ha hecho constar que Miguel Zahonero era el autor del asesinato de Amadeo Albert, fue debido a que me informó un vecino (…) que lo había visto a la entrada de la carretera de este pueblo (…) estando dispuesta a prestar nuevamente declaración ante el Tribunal Militar que lo pida". 


Pese a las declaraciones que lo exculpaban, la providencia del Juez Militar solicitó se señalara lugar, día y hora para la ejecución.

AGHD. Sumario 4156-V-1940


El caso de Miguel Zahonero, que conocemos gracias a la consulta del Sumario 4156-V-1940, es un ejemplo de la habitual farsa procesal y jurídica practicada por la justicia franquista, cuyo principal objetivo era “legalizar” la eliminación del oponente político, tal y como los regímenes totalitarios, y especialmente el fascismo y nazismo, practicaron de manera sistemática y consciente. 

Miguel Zahonero Sánchez fue el último vecino de Quart fusilado por el franquismo. Su familia, como la de las incontables víctimas del régimen, fue además condenada al silencio. En palabras de Pilar Taberner, nieta sobrina del también fusilado José Giner Navarro: 

"No se podía expresar el dolor. Se pasaba página callando". 


HISTORIA DE LA MEMORIA.

Casi 75 años después de aquel 14 de diciembre de 1942,  familiares, asociaciones, organizaciones políticas, instituciones e historiadores anulan la condena de olvido decretada por los verdugos. 

No es la primera vez que en Quart de Poblet se hace memoria de los 13 fusilados. El primero en hacerlo por escrito fue Vicente Coll, que en “Geografía, origen e Historia de la muy leal y heroica villa de Quart de Poblet”, puso nombre en el temprano 1984 a los "ciudadanos honrados y amantes de la libertad que fueron fusilados". 


Vicente Coll (1984)

La publicación en 1993 de la obra de Vicent Gabarda, “Els afusellaments al País Valencià (1938-1956)”, supuso el punto de partida para un estudio científico de la represión franquista, añadiendo al recuerdo y testimonio personal, series de datos documentados y comparativas de mucho valor historiográfico. La obra de Gabarda es sin duda el más temprano y extenso compendio documental en el conjunto de España. En “Violencia política y memoria histórica”, premio Ciencias Sociales y Humanas de Quart de Poblet en 2006, el que suscribe refiere precisamente los datos aportados por Gabarda. 
Es la Agrupación Socialista local del PSPV-PSOE, la que el 1 de febrero de 2008 organiza el primer acto homenaje público a los “Trece hombres buenos” fusilados. 


Ismael Fita y José Ramirez, históricos militantes socialistas, principales promotores del acto constituyeron, con la presidencia del primero en 2011, la  “Agrupación familiares víctimas del Paredón de España”. 
En “Historia de los vencidos”, obra del que suscribe publicada por el Ayuntamiento en 2012, se aportan nuevos datos y referencias documentales sobre los referidos 13 fusilados, así como de otras víctimas de la represión franquista. También Carles Sirera, en la obra colectiva “Quart de Poblet. Historia, arte y geografía” de 2012, y Andrea Moreno y Pau Olmos en “Quart de Poblet. Un poble en la reraguarda” de 2015 los refieren. 
Es una que memoria que sin duda sigue presente. 
La recientemente constituida Asociación “Quart per la Memoria” de la que formo parte, consideró en sus dos primeras reuniones, a propuesta del socio Paco Juan, organizar actos y actividades en memoria y homenaje a esos 13 vecinos de Quart fusilados por el franquismo.
También en Quart de Poblet, familiares descendientes de las víctimas, como Pilar Taberner, Teofilo Bella, Pedro Salido, Teresa Gimeno, Josep Sanmartín y algunos otros, han ejercido su derecho a la memoria, aportando recuerdos, documentación, y en definitiva, personalizando y humanizando los números y las estadísticas.


EL 21 DE JULIO DE 1939.

Nueve vecinos de Quart fueron fusilados un mismo día: el 21 de julio de 1939, “el día de los de Quart”. Compartieron paredón con otras 9 personas: Práxedes Rochina de Bugarra; Marcos Gascón de Losa del Obispo; José Romaguera de Alcàsser; Carmen Martínez, Francisca Ballester y Barbara Novella de Catarroja; Felix Royo de Manises, Salvador Romaguera de Picasent y Salvador Blasco de Torrent.

José Giner Navarro, conocido por “el de la Comare”, jornalero, tenía 30 años y estaba soltero. Eran cinco hermanos. Había nacido en la calle Borrull de Valencia pero tenía su domicilio en el número 6 de la calle Perez Galdós de Quart. Pertenecía a la UGT desde 1933 y a las Juventudes Socialistas (JSU) desde 1936. Fue nombrado representante de la UGT en el Comité Revolucionario, del que fue secretario. Posteriormente se alistó en un Batallón de Fortificaciones. El 29 de marzo de 1939 se entregó al ejercito franquista en Torralba. Fue internado y clasificado en la plaza de toros de Teruel, donde obtuvo salvoconducto para su vuelta a su domicilio. Es de suponer que fue encarcelado ese mes de abril de 1939.

Sandalio López Jiménez, propietario de una fábrica licores, tenía 38 años y estaba casado. Fue secretario del Comité Revolucionario y militante de la CNT y de la Derecha Regional Valenciana desde 1936 y de Izquierda Republicana desde 1936.

Antonio Monzó Fita, industrial, tenía 35 años y estaba casado. Era secretario del Comité Revolucionario.

Pascual Monzó Real, albañil, tenía 58 años y estaba casado. Fue presidente del Comité Revolucionario y militante del PSOE

Ramón Pla Sanz, jornalero, tenía 52 años y estaba casado. Había presidido el Comité Revolucionario. Era militante de Izquierda Republicana desde 1933 y de la CNT desde 1934.

Onofre Sanmartín Valldecabres, conocido por “Silvestret”, albañil, tenía 36 años y estaba casado. Había sido concejal, teniente de Alcalde y miembro del Comité Revolucionario.

Ángel Sanmartín Vento, conocido por “el de la Perola” o “el Moro”, Albañil, tenía 52 años y estaba casado. Fue miembro del Comité Revolucionario y era militante de la CNT desde 1914 y de Izquierda Republicana desde 1935. 

Manuel Soler Gómez, azulejo, tenía 43 años y estaba casado. Fue presidente del Comité Revolucionario. Era militante de la UGT desde 1920 y del PSOE desde 1933, y miliciano voluntario.

Francisco Soriano Martínez, albañil, tenía 52 años y estaba casado. Fue miembro del Comité Revolucionario y militante de UGT y de Izquierda Republicana.

Cinco días después, el 26 de julio de 1939, en Chiva, mataron al conductor de profesión José Conesa Ortega. Tenía 36 años y estaba casado. Otras 10 personas compartieron su trágico final ese día: Francisco Boronat de Bugarra; Antonio Asensio de Utiel; Antonio Roberto, Lorenzo Nieto y Juan Güaita e Villagordo del Cabriel; Pascual Haro de Xest; Fermín Bonacho, Francisco Miró y Miguel Roser de Chiva; y Julio García, de domicilio desconocido. Fueron los únicos ejecutados en Chiva, uno de los 40 lugares que en el País Valenciano utilizó el régimen franquista para ejecutar sus sentencias de muerte.

Ángel Torres Tolosa, sazonador, tenía 24 años y estaba soltero. Natural de Quart residía en Mislata. Era militante de Izquierda Republicana. Fue asesinado el 24 de julio de 1940. Ese día fueron fusilados 54 personas en Paterna.

Onofre Soler Juan, labrador, tenía 53 años y estaba casado. Fue concejal del ayuntamiento y presidente del Comité Revolucionario. Lo fusilaron el 14 de enero de 1941. Ese día asesinaron en Paterna un total de 44 personas.


LA MEMORIA QUE PRETENDEMOS.

El ejercicio de los derechos comúnmente llamados  humanos, y de los que tan cruelmente fueron privados los 13 fusilados vecinos de Quart, requiere un pensamiento intolerable con cualquier vulneración de las libertades universalmente reconocidas. 

La Memoria Histórica, definida como el uso político del conocimiento público de la historia, aportando perspectiva y elementos de juicio racionales evidencia el horror e inhumanidad sufrido en ausencia de democracia, y la consecuente lección que proporciona la experiencia vivida. 
Se define pues como Memoria Democrática al uso político del conocimiento público de la historia en favor de los valores democráticos.

La Memoria Democrática que pretendemos considera necesariamente por igual a todas las víctimas de la violencia política, y en concreto tanto a las causadas por la llamada represión popular o revolucionaria en territorio republicano durante la guerra, como a las del franquismo. 

Reafirmando de antemano el derecho inalienable a la vida, y salvando la diferente causa y naturaleza de esa violencia, resulta necesario señalar que las víctimas, los “caídos por Dios y por “España” que el régimen consideró propias, fueron en abundante legislación compensadas económica y socialmente, y aunque con fines propagandísticos, honradas y recordadas. 


Calle dedicada en Quart de Poblet a la víctima Crescencio Rodilla

Por el contrario, las víctimas del franquismo fueron radicalmente discriminadas y silenciadas. Es ante tan injusto deficit histórico consecuente recuperar la memoria de quienes durante tanto tiempo, y aún hoy, sufren de tan injusta desigualdad.

El desarrollo de una Memoria Democrática es una tarea colectiva, tanto en lo político, por corresponder a las distintas fuerzas y organizaciones que forman parte del sistema participar en su sustento y ejercicio, como en lo social, por requerirse la participación de historiadores, y la implicación y empuje de la sociedad civil. Una tarea que por interés común de los demócratas, o si se quiere por razón de Estado, debe realizarse con el máximo consenso posible, y con absoluto rigor histórico.



















































21 mayo 2017

SOCIALISTAS DE QUART, PARTIDO Y DEMOCRACIA.




La organización de los injustamente desfavorecidos para defender sus intereses y derechos es consustancial a la historia de la humanidad. La manifestación del conflicto social que ello provoca puede retrotraerse a Espartaco y a la rebelión de los esclavos en época romana. Campesinos, artesanos, siervos y vasallos, en todos los tiempos y sistemas económicos, han protagonizado revueltas y revoluciones, que pese a las derrotas y cruentas represiones han permitido hoy derechos y libertades que fueron soñadas en el pasado. 

El modo de producción capitalista, el sistema económico en el que desde hace unos siglos nos procuramos el sustento, pese  al reciente reconocimiento de libertades políticas contiene clases sociales contrapuestas. Esta formulación filosófica y política, publicada por Marx y Engels en la segunda mitad del siglo XIX, que racionalizó análisis y propuestas hasta entonces consideradas utópicas, inspiró la organización de los partidos y sindicatos socialistas en Occidente.

En España, un grupo de obreros liderados por Pablo Iglesias fundaron en 1879 el Partido Socialista Obrero Español (y en 1888 la Unión General de Trabajadores), convencidos de que siendo la sociedad injusta y desigual, y el sistema económico causa de la miseria, envilecimiento intelectual y dependencia política de unos y de los privilegios de otros, debía alcanzarse el poder político para poder transformar esa realidad en favor de una sociedad de individuos “iguales, honrados e inteligentes”. 

Ese partido creado para alcanzar el poder político era no obstante reflejo de la disparidad que entre marxistas y anarquistas ya se manifestaba en la llamada “Primera Internacional”.  La “Segunda Internacional”, creada en ese mismo siglo XIX por los socialistas sufrirá a su vez la escisión en 1919 de los comunistas de la “Tercera Internacional”, que al calor de la revolución bolchevique provocaran también en el PSOE un intenso debate, y el abandono de una parte de sus militantes en favor el minoritario Partido Comunista. Las divisiones y subdivisiones, teóricas y estratégicas, de las organizaciones en principio motivadas por un mismo fin será una constante histórica, tan evidente como los enfrentamientos y alianzas que casi al mismo tiempo se vivían. En 1938, como escisión de esa tercera se creará una “IV Internacional” seguidora de los postulados de Trotsky y opuesta al “Komintern” dominado por el estalinismo.



En Quart de Poblet, una pequeña localidad de la huerta valenciana, en el contexto de una España retrasada en lo económico, social y político, la organización socialista se constituye en 1923 gracias en buena parte al empuje de la emigración obrera que emplean las fábricas de azulejos, que a diferencia de los naturales no se benefician del comparativamente benigno reparto de la tierra que en Quart ha generado el transcurso histórico. 

La muerte de Pablo Iglesias en 1925 evidenciará disparidades y controversias entre líderes y estrategias, que por ejemplo enfrentarán a Largo Caballero, en cierta manera colaborador de la Dictadura de Primo de Rivera, con Prieto, contrario a la cohabitación. Durante la II República, y especialmente después del llamado “bienio negro” y la revolución de 1934 ambos líderes alteraran sus posiciones y apoyos. Dinámicas que a su vez modificaran apoyos y cargos después del golpe de estado del 18 de julio, y durante el transcurso de la guerra, tanto en el partido como en el sindicato.

De esa dinámica, inequívoco reflejo de la evidente pluralidad de una organización mayoritaria en la izquierda española del siglo XX, no fue ajena la Agrupación Socialista de Quart de Poblet, que como el resto de las constituidas en España ejerce el incuestionable derecho de participar en las decisiones del partido del que son parte y representan.

Hay por ejemplo constancia documental (en el archivo de la Fundación Pablo Iglesias) del debate y elección por la militancia de la Agrupación Socialista de Quart de los candidatos socialistas para las elecciones generales de febrero de 1936. También de los debates en la elección de la comisión ejecutiva, de las crisis, dimisiones y sustituciones de sus miembros, claro reflejo de la compleja dinámica provincial y estatal de la familia socialista en el partido y en el sindicato a partir de 1934.


El amplio espectro ideológico que ha caracterizado al Partido Socialista durante su dilatada historia, causa fundamental de su éxito político, ha generado en lógica consecuencia amplios debates, y en ocasiones traumas orgánicos tan significativos como el repudio a líderes históricos como Largo Caballero, o la expulsión de Negrín. En Quart de Poblet, José Guzmán Segarra, protagonista principal del socialismo local dimitió en 1937 de la alcaldía y de la representación de UGT. Ochenta años después los socialistas dirimen una vez más su futuro orgánico y político. Lo hacen democráticamente, de la manera que les es propia y ha garantizado el éxito de una herramienta política creada hace 138 años.




10 abril 2017

EL PRIMER ALCALDE OBRERO DE QUART

Parte de la victoria franquista del 1 de abril de 1939



Decía Ramón Segarra que el mejor alcalde de Quart de Poblet durante la II República había sido José Guzmán. En la conversación que mantuvimos en enero de 2013 quiso explicarme quién era el sindicalista socialista que yo refería en “Historia de los Vencidos”, apelando como hacen las gentes de pueblo al apodo y a su familia: El conocido como “Toroi” era padre de la muy apreciada concejal Victoria Guzmán Bondía. 

No tuve desgraciadamente la oportunidad de volver a escuchar a Ramón Segarra, y me quedó pendiente documentar lo que el rigor que requiere el conocimiento de la historia obliga demostrar.
José Guzmán Segarra fue alcalde entre el 6 de noviembre de 1936 y el 23 de septiembre de 1937. Fue designado después de la dimisión el 8 de octubre de 1936 de Salvador Vila Vilar y de la breve interinidad de Miguel Espinós en el cargo. El socialista José Guzmán y el republicano Salvador Vila, que habían compartido candidatura y éxito en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, tenían no obstante trayectorias políticas muy distintas. José Guzmán procedía de la zona obrera de Alcora y Castellón, y como otros se había instalado en Quart atraído por la creciente actividad de las fábricas de ladrillos. “Toroi” ya era en 1922 un destacado militante sindical, que había representado a la Sociedad de Obreros en Azulejos de Castellón en el Congreso estatal de UGT. En 1923 fue elegido Presidente de la recién constituida Agrupación Socialista de Quart y hasta junio de 1936 fue vicepresidente de su comisión ejecutiva. Era uno de los activos principales de las organizaciones fundadas por Pablo Iglesias.

El periodo en el que José Guzmán ocupa la alcaldía coincide, salvando los tiempos propios de cada ámbito, con el de Francisco Largo Caballero en la jefatura del gobierno, y posiblemente también con el de la preponderancia en el Partido Socialista del sector más obrerista, refugiado como el propio Largo Caballero en el sindicato, y radicalizado durante el llamado “bienio negro” del gobierno derechista elegido en 1933. 

Avanzada la guerra, iniciada como consecuencia del ilegitimo golpe militar del 18 de julio, con la reorganización de la administración local de enero de 1937, que ordena la constitución de Consejos Municipales con representantes de las organizaciones del Frente Popular, se elige alcalde por unanimidad a José Guzmán, que el 23 de septiembre de ese mismo año presentará su dimisión, cuando Largo Caballero había ya hecho lo propio de la jefatura del gobierno, y el sector que representaba estaba siendo apartado de las principales esferas del poder político.

En diciembre de 1938 los franquistas de Quart cumplimentan dos fichas a su nombre (como a otros 61 vecinos), en el que para constancia del futuro “Fichero de Criminalidad” se le acusa de “socialista”, de miembro del “Comité rojo” y de ser “fuerte en sus ideas” y “propagandista”.

A finales de abril de 1939, pese a declararse que el “Ejército Rojo” estaba cautivo y desarmado, y que las “tropas nacionales” habían alcanzado sus últimos objetivos militares, la guerra no había terminado. Al menos no por parte de un régimen cuyo objetivo ideológico, declarado y cumplido, era el exterminio del oponente político. José Guzmán Segarra es detenido, como cientos de miles de españolas y españoles, ingresando en prisión, a la espera de juicios sumarísimos, que como a otros 44 vecinos de Quart, castigaran sin ninguna garantía procesal ni fundamento legal, ideas políticas y no hechos probados. 

En 1939 José Guzman tenía 54 años, los ojos claros y el pelo blanco; estaba casado. Fue condenado a seis años y un día de prisión por el delito de “excitación a la rebelión”, que retorciendo todo principio legal penaba no haberse adherido a la rebelión de los golpistas, y haber permanecido fiel a la legalidad constitucional. La condena impuesta por el tribunal militar en la causa 16625 de 1939 fue conmutada finalmente después de 3 años de prisión. El expediente “recaudatorio” iniciado por el “Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas” contra su persona fue desestimado en 1945 por la demostrada escasa cuantía de sus bienes. 

Treinta años después, fallecido ya el primer alcalde sindicalista de Quart, la guerra aún no había terminado.










19 marzo 2017

MEMÒRIA I FANG.










Decreto 7 enero de 1937. Gaceta de la República.



La primera mujer concejal de Quart de Poblet se llamaba Asunción Borredá Ferrer. En agosto de 1938 fue designada miembro del Consejo Municipal, el órgano de gobierno local que por decreto del Gobierno de la República reorganizaba con las mismas competencias y funciones los ayuntamientos constituidos en 1931. 

En las elecciones municipales del 12 de abril de ese año los varones con determinada renta y edad habían provocado la caída de la monarquía y la proclamación de la II República, un régimen en cierta manera sobrevenido, pero que adquirió su legitimidad promulgando una Constitución democrática y celebrando elecciones generales mediante verdadero sufragio universal.

La II República reconoció derechos que hoy consideramos incuestionables. También a las mujeres, secularmente privadas de los pocos que los hombres podían ejercer. Fue precisamente en ese contexto en el que debe enmarcarse la pequeña historia de Asunción, que como muchas otras mujeres en España y en el mundo quisieron ser protagonistas de su existencia, al menos de la misma manera que podían hacerlo los hombres. 

Asunción accedió al Consejo Municipal en tiempo de guerra, cuando la derrota parecía inevitable y la consigna se limitaba a “resistir es vencer”. La República se enfrentaba entonces a una batalla definitiva, a la “del Ebro”, a la última que su ejército popular pudo presentar al nazi-fascismo.



Conocida según testimonio de Rafa Sanmartín como “Assumpcioneta”, o “La Pasionaria de Quart”, la primera mujer concejal en Quart tenía 26 años cuando fue nombrada. Era hija de Asunción y Ramón, su hermano, llamado como su padre, había sido militante del PSOE. Era natural de Burjassot, vecina de Quart de Poblet, soltera, enfermera, militante del Partido Comunista, Secretaría del Socorro Rojo local, y durante los primeros meses de guerra vestía el uniforme de miliciana, "con gorro y pistola". 

Después de la victoria franquista fue detenida en su domicilio de la Casa de Peones, acusada de dar refugio en ella a fugados del campo de concentración de Albatera. Según la declaración de uno de sus acusadores franquistas “participó en todas las manifestaciones que se hicieron en el pueblo vestida siempre de comunista, y respecto a su vida particular ha tenido algo que desear”. La acusación moral formulada por el testigo era habitual a la hora de juzgar bajo la óptica nacional-católica a las mujeres jóvenes y republicanas. Con el mismo incongruente motivo fue acusada por los sublevados de “auxilio a la rebelión”, y condenada a doce años de reclusión mayor.

Barro procedente de la riada de 1957 recogido del Sumario 277/40


Asunción es una de las 44 personas, vecinas de Quart, que fueron juzgadas y condenadas por los tribunales militares franquistas. Cuarenta hombres y  cuatro mujeres tienen su historia, que es la nuestra, depositada en el Archivo General e Histórico de Defensa en Madrid. Concretamente el sumario 277/1940 contiene el de la primera mujer concejal en Quart de Poblet. Desgraciadamente, los aproximadamente medio centenar de documentos que acreditan su injusta condena están muy deteriorados. El barro que inundó la ciudad y los cuarteles en la riada de 1957 ha borrado parte de la historia que en aquel entonces aún estaba en Valencia. 
La última referencia que puedo leer es que en agosto de 1940 Asunción estaba recluida en la cárcel valenciana del convento de Santa Clara. Luego nada. Solo barro.